Anita Belokopytova

Cuando tenía unos seis años y crecía en Armenia, mi madre me preguntó qué quería ser de mayor. Le dije que quería ser maestra de jardín de infancia. Cuando me preguntó por qué, respondí simplemente: "Quiero enseñar a los niños a distinguir el bien del mal." Mi madre sugirió que, si quería enseñar a la gente a distinguir el bien del mal, tal vez debería convertirme en la persona que trabaja con las normas mismas. Sin embargo, en aquel entonces, llegar a ser abogada en mi país sin conocer a las personas adecuadas ni tener los medios para sobornar a las autoridades parecía imposible. Nunca le conté a nadie más ese sueño.
A los dieciséis años, llegué a Estados Unidos con mis padres sin hablar ni una palabra de inglés. Seis meses después, conseguí mi primer empleo en Kentucky Fried Chicken. Al igual que muchas familias inmigrantes de mi comunidad, seguí un camino práctico y conocido: Glendale Community College y, posteriormente, California State University, Northridge, donde obtuve la licenciatura en Administración de Empresas. La educación siempre fue una expectativa, pero las responsabilidades familiares y económicas hicieron que la facultad de Derecho tuviera que esperar. Tenía hijos pequeños que requerían mi tiempo y nuestro hogar necesitaba dos sueldos.
Antes de dedicarme a la abogacía, trabajé en el sector bancario; comencé como cajera y más tarde obtuve licencias de inversión para vender productos financieros. También administré, por cuenta de otros propietarios, edificios de almacenes reconvertidos en lofts de uso mixto (vivienda y trabajo) en el centro de Los Ángeles. Esas experiencias me enseñaron a tratar con personas, resolver problemas, gestionar intereses contrapuestos y asumir la responsabilidad en asuntos donde los detalles eran fundamentales.
Hace unos diez años, comencé a trabajar con Edwin G. Schuck, Jr., un abogado especializado en derecho corporativo y transaccional que había ejercido en el bufete Sullivan & Cromwell de Nueva York antes de trasladarse a Los Ángeles, California. Él se convirtió en un mentor clave en mi carrera jurídica. Reconoció que yo podía aspirar a más que simplemente revisar documentos y gestionar archivos. Al ser también estadounidense de primera generación, comprendía el valor de la educación y me animó a estudiar Derecho. Yo tenía dudas, pues no creía ser capaz de lograrlo; por eso, primero obtuve un certificado de asistente legal en UCLA, pensando que tal vez eso saciaría mi ambición y me disuadiría de convertirme en abogada. Sin embargo, trabajar junto a abogados y darme cuenta de que podía comprender y manejar el trabajo me hizo ver que era capaz de hacer más. Hace cinco años, finalmente decidí perseguir el sueño que había postergado durante tanto tiempo. Mi razonamiento era sencillo: el tiempo iba a pasar de todos modos y, con suerte, dentro de cuatro años seguiría aquí. Así que valía la pena aprovechar bien ese tiempo. Hablé con mi familia y me comprometí a cursar la carrera de Derecho, mientras seguía equilibrando mis responsabilidades familiares y económicas. Una vez que comencé, ya no hubo vuelta atrás. Obtuve mi título de abogado (*Juris Doctor*) con distinción *cum laude* en noviembre de 2025 y aprobé el examen de admisión al colegio de abogados de California (*Bar Exam*) al primer intento en febrero de 2026. Hacer de la aprobación al primer intento una prioridad fue fundamental, ya que no disponía de años de sobra.
Hoy, convertirme en abogada representa mucho más que alcanzar una meta profesional. Es la culminación de un viaje que comenzó cuando, a los seis años, creía que podía ayudar a distinguir lo correcto de lo incorrecto. Estoy profundamente agradecida con mi familia por apoyarme durante la carrera, la preparación para el examen y toda la incertidumbre y el estrés que ambos procesos conllevaron. Y lo más importante: espero que mis hijos hayan visto, a través de mi experiencia, que un sueño puede verse retrasado por las circunstancias sin tener que ser abandonado. Quiero que sepan de primera mano que la educación, la perseverancia y la disposición para empezar —incluso más tarde de lo planeado— pueden hacer posible lo que alguna vez pareció imposible.
¿Qué te impulsó o inspiró a seguir una carrera como abogado?
Cuando era joven, mi madre me preguntó qué quería ser de mayor. Le dije que quería ser maestra de jardín de infancia: enseñar a los niños a distinguir el bien del mal. Entonces, mi madre sugirió que, en su lugar, me hiciera abogada.
¿Qué aspecto de tu trabajo te parece más gratificante?
Lo que más disfruto es la oportunidad de dar voz a personas que, de otro modo, tal vez no la tendrían. Para mí, ser abogado significa más que conocer la ley; implica escuchar atentamente, comprender el panorama completo y asegurarse de que la postura del cliente sea escuchada y defendida.
¿Podrías compartir tus aficiones e intereses?
Hago un pan de masa madre increíble (si se me permite decirlo). Me encanta pasar tiempo con mis tres hijos, mi esposo, nuestra perra Bella y nuestros gatos (demasiados para contarlos, jaja).
Educación
St. Francis School of Law
- 2025
Honores
- Cum Laude, miembro de Pi Zeta Epsilon
Admisión al Colegio de Abogados
- California, 2026
Asociaciones profesionales
- Asociación de Abogados del Valle de San Fernando
- Asociación de Abogados del Condado de Los Ángeles
- Asociación de Abogados Armenios
- Asociación de Abogados de California
- CAALA



